
Los misterios de la distribución internacional hacen que este fin de semana se estrene aquí en España esta película, que ya hace meses salió en DVD en Estados Unidos. Ahora que ya muchos habéis visto la última de Indiana Jones aprovecho esta ocasión para recomendaros sin reserva una visita a vuestro cine más cercano a ver este peliculón, porque La Niebla de Stephen King es, si no la mejor, una de las mejores películas de terror de la década, al mismo nivel que algunas de las mejores adaptaciones del escritor, como Carrie, El Resplandor o La Zona Muerta.
Al director del filme, Frank Darabont, le conoceréis por otras adaptaciones de King como Cadena Perpetua o La Milla Verde. Personalmente siempre me ha parecido algo sobrevalorado, pero en esta ocasión, la primera en la que aborda un relato de terror del autor, me quito el sombrero ante los resultados. El hilo argumental es sencillo (un grupo de personas encerradas en un supermercado se enfrentan a una amenaza sobrenatural que acecha tras una extraña niebla que rodea la ciudad), pero la resolución es magnífica, combinando de forma muy acertada los elementos fantásticos (con toques lovecraftianos) con el drama humano que se desarrolla tras las puertas del establecimiento.
Y es que uno de los aciertos del filme es la caracterización de personajes, con mención especial a la fanática religiosa que interpreta Marcia Gay Harden, y los fuertes paralelismos que se establecen con el mundo real. El supermercado es un microcosmos de la América actual y todo el metraje se puede interpretar como una parábola sobre el miedo y como éste nos puede conducir a la locura colectiva o a la desesperación. Además, aunque a primera vista parezca que existe cierto maniqueísmo al plantear la división entre buenos y malos, la resolución final de la película, en un giro que supone una auténtica patada en los huevos al espectador y que a buen seguro cabreará a muchos, te obliga a contemplar las cosas desde otra perspectiva, y asumir que el auténtico héroe (o heroína) no estaba entre los protagonistas, sino en un oscuro personaje secundario cuya aparición final supone el auténtico rayo de esperanza sobre la condición humana que recorre un film desolador.