El lenguaje de los (y las) idiotas

Como hace tiempo que quiero hablar de este tema pero al final me doy cuenta que otros ya lo han hecho por mi, pues prefiero poner una serie de recopilaciones que dicen muy clarito todo esto.

Ya lo dijo Arturo Perez Reverte en su artículo del semanal:

El oportunismo político y la demagogia de la que hacen gala, desgraciadamente, algunos entes públicos debido al mal llamado “uso sexista del lenguaje”, campan a sus anchas.

Aquí un estupendo artículo de Antonio Burgos.

Y aquí algunos más:

[...] Género gramatical y sexo no son, como muchos ingenuos o espontáneos usuarios de la lengua puedan creer, conceptos equivalentes o idénticos: hay lenguas que no han desarrollado la expresión del género; en otras, como la nuestra, no siempre el género gramatical coincide con el sexo biológico. Masculino y femenino se corresponden a menudo con las diferencias sexuales en animales y personas; pero no siempre las cosas se desarrollan de modo tan simple: son abundantes en español los casos de género común y epiceno. La cuestión puede incluso complicarse más: bajo el masculino el caracol se oculta la realidad de que algunos gasterópodos son hermafroditas, dotados de una especial sensualidad, hecho divulgado por Darwin y utilizado como motivo generador de la intriga narrativa por Patricia Highsmith en un inquietante relato de terror, The Snail-Watcher (El observador de caracoles). [...]

Soledad de Andrés Castellanos, Profesora Titular??Dpto. de Filología Española III,
Facultad de Ciencias de la Información. UCMen su trabajo “Sexismo y Lenguaje, 2000″.

[...] Nuestros legisladores han probado con tal decisión su voluntariosa capacidad resolutiva: basta con eliminar el espejo para que la fealdad se esfume. Justamente el espejo ha sido tomado muchas veces como término de comparación para explicar cómo el lenguaje reproduce pensamientos y actitudes de la sociedad que lo habla, reflejándolos. Pero nadie, hasta ahora, había pensado que pudiera ocurrir lo contrario, y que destruyendo la imagen desapareciese lo reflejado por ella. Descubierto el principio, emprendámosla con todo cuanto el Diccionario contiene que pueda resultar ofensivo, no sólo para las mujeres ¿por qué ese privilegio?, sino para tantas otras criaturas denigradas por el léxico. Vengan, pues, otras proposiciones no de ley [...] No, no es justo que el Parlamento limite su acción no legislativa a sólo las mujeres. Seguro que ellas no desean ser excepcionales, y aspiran a que tanto los hombres como los animales disfruten de idéntica justicia [...] Yo no sé si el Parlamento ha antepuesto la reflexión a su chocante medida. Personalmente, prefiero reaccionar con algún humor, pensando que ha sido un simple desliz. Porque, considerando en serio el acuerdo, habría que preguntarse con cierto rigor hasta dónde puede llegar la acción parlamentaria-democrática para que no caiga en puro despotismo. [...]

Fernando Lázaro Carreter, exPresidente de la RAE
acerca de la aprobación por el Parlamento de una proposición no de ley que invitaba a la RAE a revisar el Diccionario a fin de eliminar términos ofensivos para la mujer, 1986.

Rodeo tras rodeo, se ha llegado a un punto de irreflexión semántica.

Comienza a ser casi tan cansino como el lenguaje políticamente correcto el lamento que sobre lo políticamente correcto emiten los propios emisores del lenguaje políticamente correcto. Casi voy a ser incorrecto y voy a acabar defendiendo lo políticamente correcto de lo harto que me encuentro.

Hay, indudablemente, un asomo de culpa en quienes crean y manejan ese lenguaje. Ese manoseo de eufemismos ¿amables? o, a veces, sencillamente ¿estúpidos? vino a nacer entre la izquierda universitaria norteamericana en una época en la que el descafeinamiento ideológico de verdades supuestamente intocables hacía peligrar el andamiaje sobre el que se edificaba permanentemente toda revolución fallida. Un compendio de buenas intenciones originales llevó a toda una entropía del pensamiento político, a interesantes al efecto las reflexiones de Vladimir Volkoff? y a la imparable carrera de los desorientados izquierdistas europeos por convertirse en el más papanatas de los papanatas. Así, rodeo tras rodeo y paliativo tras paliativo, se ha llegado a un punto de irreflexión semántica de tal grado que una observación detallada del mismo invita al jolgorio más sonoro. Como digo, se observa un indisimulable atisbo de contrición histórica en sus creadores y emisores. Me explico: bien está que la mala conciencia heredada de los norteamericanos les haga sentirse responsables herederos de las prácticas esclavistas o de las conquistas cruentas que exhibieron sus mayores decenios atrás. Así, negros e indios deberían pasar a vivir en pequeños paraísos lingüísticos creados para complacer a minorías concretas. Es un problema que les afecta y que no parecen haber depurado convenientemente, pero, en virtud del mismo, llamar ¿afroamericano? a un negro en España alcanza unos límites de hipercorrección que entran de lleno en lo absolutamente ridículo. Con ese lenguaje primigenio ha ocurrido lo que con muchos movimientos esteticistas, que han sido víctimas de una mala traducción, pero ve tú a explicarle eso a sus apologetas.

El lenguaje políticamente correcto en España ha adquirido, como en Francia, carta de naturaleza por excelencia. Al ser un producto de la era de lo descafeinado, los profesionales de la mediocridad, esa que tan a menudo quieren hacernos pasar por sensatez han hecho su agosto. Contaba en esta publicación el valeroso Pérez-Reverte que los grupos de presión feministas han conseguido que el Gobierno de la nación llame “violencia de género” a lo que es “violencia doméstica” (esos grupos y otros más forman parte de los que confunden groseramente sexo con género, cosa que, por mucho que se lo expliques, no consigues hacérselo entrar en sus cerebros). Así, hay que cambiar los nombres de las cosas para hacer felices a los luchadores por igualdades simbólicas: las concejales han de ser concejalas y las “profesionales excelentes”, dentro de poco, habrán de ser “profesionalas excelentas”. Es llevar lo de “Madre Superiora” a todos los ámbitos. En virtud de ello, el “Día Mundial del Niño” va a cambiar su nombre por el absurdo de “Día Mundial del Niño y la Niña”, que hará muy felices a los políticos de izquierda que se pasan el día haciendo piruetas con las palabras para contentar a no sé sabe bien qué colectivo: ya vimos en la pasada campaña electoral que el lema de algunos de ellos era “Un Alcalde para Todos y Todas”, dejando claro que hasta la fecha sólo lo habían sido para ellos, pero que ya por fin habían visto la luz. Al igual que el enunciado solidario con los niños y las niñas que sufren, otros ejemplos llevan hasta la caricatura el afán corrector de toda esa pandilla de memos y pazgüatos que hacen de su esencial intolerancia toda una declaración de principios. En función de esa censura social del pensamiento, un ladrón será dentro de poco un “comprador no tradicional” de la misma forma que un moro ya no es un moro o un gordo ya no es un gordo o un ciego es en algunos medios un “no vidente”.

Y no entro en el componente etnomasoquista que algunos políticamente correctos muestran cuando se trata de hablar de España y de su historia. Eso me da para otro artículo en el que gastar muchísima de la mala leche que voy acumulando a medida que los leo y que los oigo.

Carlos Herrera.

Reproduzco una festiva versión del poema de Miguel Hernández. La envía un compañero de Granada.

Andaluzas y andaluces de Jaén,
aceituneros y aceituneras altivos y altivas,
¿podéis vosotros y vosotras decirme
de quién son aquellos olivos y aquellas olivas?

En realidad, los dos últimos versos eran en el original: ??Decidme en el alma: ¿quién, / quién levantó los olivos??. Pero se entiende la broma.

SONETA

Por el machismo atávico, al soneto
jamás se le ha dejado ser soneta;
pero hoy asume el reto este poeta
(la reta he de decir, mejor que el reto).

La reta asumo, pues. Como poeto
en mi vido me he visto en tal aprieta;
aunque si estoy en esta vericueta,
habré de resolver el papeleto.

Que no digan de mí que soy machisto:
rechazo tal injurio ??¡ni de bromo!??
con estas bellas versas, mis retoñas.

Pondré toda la empeña como artisto
en extirpar las vicias del idiomo
¡y que nadie me venga ya con coñas!

Como una golondrina no hace verano, resulta que hay más ??manuales no sexistas? para uso de funcionarios. trabajo de crítica al Manual del lenguaje administrativo no sexista del Ayuntamiento de Málaga. Solo una perla. En Málaga hay que decir ??Asociación de Padres y Madres de Alumnos y Alumnas?. Pregunto: ¿qué hacemos con los niños y las niñas cuyos padres o madres son homosexuales?

[...] Porque esa es otra: desde que los idiotas socialmente correctos se empeñaron en negar a ultranza el uso general o genérico que tiene el masculino en la lengua española, y el lendakari Ibarretxe se apuntó a la demagogia de moda con lo de «los vascos y las vascas», la cosa ha hecho triste fortuna. Hace nada pude comprobar cómo una señora que se dedica a la política, y a la que tan digna tarea deja, quizás, poco tiempo para cultivarse, hablaba del futuro de «nuestros hijos e hijas». Sin olvidar, claro, aquel «alcalde para todos y todas» que el Pesoe nos ofreció en vísperas de las últimas municipales. Aunque lo más contundente corresponde a la Junta de Andalucía, que obliga por decreto a usar conjuntamente el masculino y el femenino: alumnos y alumnas, funcionarios y funcionarias, etcétera, para que, dice el Boletín Oficial, «hombres y mujeres se encuentren reflejadas ??aquí falta añadir y reflejados, ojo?? sin ambigüedad». Podríamos pensar que la cosa tiene que ver con la gente de izquierda, que suele mostrarse más sensible a lo socialmente correcto. Pero no. Si alguien califica al Peneuve como de izquierdas, es que se la ha ido la olla. Lo que no tiene ideología y vale para todos es la demagogia: ahí sí coinciden izquierdas, derechas y mediopensionistas. En la incultura y en la tontería. [...]

Arturo Pérez-Reverte, miembro de la RAE, artículo en EL SEMANAL, 2004.

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