MacGuffin Imposible

MI3

En el cine de acción y suspense siempre me han parecido más interesantes las historias construidas en base a lo que Hitchcock popularizó como MacGuffin. Un MacGuffin es, típicamente, un objeto que desencadena la trama de espías o una intriga criminal, pero que, en el fondo, no es de relevancia para la historia que se cuenta. Por ejemplo, en Encadenados, Ingrid Bergman y Cary Grant se infiltran en una organización nazi y descubren unas botellas de vino que contienen uranio, pensadas para la construcción de lo que hoy llamaríamos “armas de destrucción masiva”. En los 39 Escalones, la búsqueda del significado de esas dos palabras es el hilo conductor de la historia. En Con la Muerte en los Talones existe un microfilm que persigue la organización secreta que dirige James Mason.

Lo peculiar del MacGuffin es su carácter de mecanismo argumental totalmente flexible. Prueben a cambiar, en los tres ejemplos citados, el objeto en cuestión y la película permanecería inalterable. Ingrid Bergman podría haber descubierto en el sótano un microfilm con información clasificada de gran interés estratégico, los “39 escalones” podrían ser la formula para el enriquecimiento del uranio y Cary Grant sería perseguido en Con la Muerte en los Talones por tener una lista de nombres pertenecientes a una organización criminal. Lo que hace grandes a estas películas no es, por supuesto, el MacGuffin, sino la buena caracterización de los personajes y el inteligente desarrollo de la aventura en sí misma.

Mr. Memory

Los 39 escalones es la lista de implicados en la Operación Malaya”

Me atrevería a decir que cuanto más abstracto es el MacGuffin y menos peso argumental tiene, mejor es la película, ya que nos permite disfrutar sin cortapisas de la acción, el drama o el romance. Cuando se intenta racionalizar demasiado y dar muchas explicaciones, esto supone por lo general un lastre en el ritmo de la película, produciéndose a veces lo que me gusta llamar el momento Scooby Doo, que es cuando el villano de turno tiene a los héroes atados a buen recaudo y dedica unos preciosos minutos de su tiempo a dar prolijas explicaciones sobre su malvado plan.

La película más reciente que he visto que hace uso del MacGuffin es Misión Imposible III. Dirigida y escrita por J.J. Abrams, el creador de la serie Lost, muestra un poco de interés en el lado más humano del superagente Ethan Hunt, tiene unas cuantas secuencias de acción planificadas y bien dirigidas y es coherente con las normas de un buen MacGuffin: el objeto en cuestión tiene un nombre pegadizo (“la pata de conejo”), no se sabe muy bien lo que es (puede ser un explosivo, puede ser un arma biológica), y el villano no se detiene a contarnos lo que piensa hacer con él cuando caiga en su poder.

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