Si hubiese un premio mundial al mayor gilipollas, este sería un serio candidato.

Se podría titular “Crónicas de una muerte anunciada”. Pero el sujeto no muere. El único que muere aquí soy yo, pero de risa. La verdad, es que tengo que reconocer, que de lo que más me he reido no es del golpe, sino de lo gilipollas que es el mendrugo este. Fijo que es de EE.UU. ¿No creeis?