Los valientes fueron ellos (qué cara más dura)

La semana pasada leí una magnífica columna de Arturo Pérez-Reverte que les recomiendo lean entera en XL Semanal ya que no tiene desperdicio y, como suele ser habitual, tiene más razón que un santo.
Artículo de Pérez-Rverte
En líneas generales les diré que habla de la bochornosa declaración institucional que esos sinvergüenzas de políticos (de uno y otro bando) perpetraron con ocasión del aniversario del 23-F. Hay que tener la cara más dura que el cemento para decir que…

…atribuyen el fracaso del golpe de Estado, por este orden, al comportamiento responsable de los partidos políticos y los sindicatos, en primer lugar, y luego a la Corona y a las instituciones gubernamentales, parlamentarias y municipales.

cuando todos sabemos (porque lo vimos con nuestros propios ojos a través de la televisión, aquí no hay manipulación que valga) que…

…los ministros y diputados tirándose en plancha debajo de sus escaños para quedarse allí hasta que se les permitió levantarse de nuevo ??aún entonces siguieron mudos y aterrados??, con tres magníficas excepciones: Santiago Carrillo, que fumaba cada pitillo creyendo que era el último, el presidente Suárez y el anciano general Gutiérrez Mellado. Y cuando éste, fiel a lo que era, se enfrentó forcejeando a los guardias civiles, y el miserable Tejero, pistola en mano, intentó, sin éxito, tirarlo al suelo con una zancadilla, el único hombre valiente entre todos aquellos cobardes que se levantó para socorrerlo, fue Adolfo Suárez. A quien, por supuesto, España pagó y paga como suele.

8 Comments

  1. Quatermain, las citas que pones me parecen un poco tendenciosas, porque enlazas argumentalmente la declaración institucional sobre las causas del fracaso del golpe de Estado con la escena famosa de los diputados agachando la cabeza en el congreso. Siguiendo este razonamiento también podría inferirse que el golpe de Estado fracasó por el comportamiento heroico de Mellado y Suárez. Hubiera sido más correcto, en mi opinión, colocar la siguiente cita del artículo en medio: “Aquel día, la democracia y la libertad sólo las defendieron una cámara de televisión encendida, los periodistas que cumplieron con su obligación ??fueron tan torpes los malos que sólo silenciaron TVE y Radio Nacional??, unos pocos representantes gubernamentales que estaban fuera del Parlamento, y sobre todo el rey de España, que, por razones que a mí no me corresponde establecer, se negó a encabezar el golpe de Estado que se le ofrecía”. Con esto si puedo estar de acuerdo, con lo que planteas en la entrada no, porque no creo que sea criticable (habría que vernos en una situación de esas a más de uno) el esconder la cabeza para salvar la vida.

  2. Dorian, yo no estoy criticando que se tiraran en plancha bajo los escaños, reconozco que en una situación así a lo mejor yo hubiera sido el primero en hacer lo mismo, pero desde luego no iría después pavoneándome de que el golpe fracasó gracias a mí, que es lo que han hecho con la declaración institucional y es lo que principalmente critico.

  3. No has captado tú tampoco lo que quiero decir. Con la selección de esos dos trozos del artículo, alguien que no lo haya leído en su integridad infiere lo siguiente: como los diputados se agacharon ante el sonido de las metralletas, los partidos políticos y las instituciones gubernamentales no tuvieron ningún papel en desactivar la asonada. Este argumento es falso, no todos los responsables de partidos e instituciones estaban en el Congreso, y algunos, como Jordi Pujol, tuvieron una actuación decidida apoyando la incipiente democracia. Otra cosa es que, efectivamente, la declaración exagere el papel de los partidos y sindicatos y minimice la contribución del Rey, pero es lo que pasaba en el exterior del hemiciclo, no dentro, lo que definiría el resultado final del 23-F. Por eso veo más lógico que hubieras citado el párrafo en el que Reverte expone su visión de cuales fueron los principales defensores de la legalidad en dicha jornada.

  4. Dicho lo anterior, aprovecho también para discrepar (no puede ser de otra forma entre tú y yo :-) ) sobre nuestra percepción de Reverte como articulista. Y es que no puedo con este tío, me parece el máximo exponente actual de la egolatría que consume a muchos escritores y artistas. Lo siento, pero no me trago su pose de estar eternamente cabreado con la humanidad y sus artículos periodísticos están consumidos por el vitriolo y la mala baba. Uno puede escribir de vez en cuando con indignación, pero en Reverte es su estado natural, todo está mal, toda la sociedad es corrupta. En el fondo equivale a decir que él está situado en un plano moral superior desde el cual nos juzga al resto. En la última entrevista que le hizo Gabilondo en Cuatro llegó a decir que no podía sentir lástima por los muertos occidentales del Tsunami, que cuando te alojas en un hotel en primera línea de playa en esas tierras deberías saber a lo que te expones. ¡Qué vivan la compasión y la empatía! Por cierto, que el artículo que citas lo titula “Resulta que nos salvaron ellos” cuando en las primeras líneas de la declaración del Congreso se mencionan, antes que a los partidos, sindicatos y demás, a “la carencia de cualquier atisbo de respaldo social y la actitud ejemplar de la ciudadanía” como los elementos que frustraron el golpe de Estado. Así que resulta que al final no necesitamos a nadie para que nos salvara, ni siquiera a los periodistas de moral elevada.

  5. Estás en tu derecho de que no te guste Reverte como columnista (espero que eso no haga que te pierdas sus novelas, que en general son muy buenas). A mí el que me revolvía las tripas era Haro Tecglen, que no había forma de que no sacara a relucir el franquismo y la guerra civil en todos y cada uno de sus artículos aunque estuviera hablando de la última feria gastronómica de la tapa. Era un obsesionado, como Jiménez Losantos (otro que no trago) pero a la inversa, y -gracias a Dios- sin la mala leche del Losantos, claro (éste si que tiene mala baba, como dices tú, y lo peor es que se la transmite a media España).

    Reverte sin embargo tira a todo el mundo, de un lado y de otro, porque denuncia lo que está mal, lo haga quien lo haga, y rara vez se queja “o cabrea” de vicio, en mi opinión, la mayoría de las veces lo hace con fundamento y razón. Por supuesto que alguna vez se mea fuera del tiesto, nadie es perfecto, pero muchas veces (no siempre) aplaudo lo que dice y ésta es una de ellas.

  6. No discuto que no le tire a todo el mundo pero eso no le hace mejor columnista, aunque a veces pueda compartir sus puntos de vista. Compara su trabajo con el de gente como Muñoz Molina, que también son independientes, personales, pero no van de salvapatrias, y sus artículos no tienen pinta de estar escritos bajo los efectos de una fuerte úlcera, sino que tienen una prosa elegante y medida. Lo siento pero desconfío lo mismo del que está siempre cabreado (o del que no tiene ningún sentido del humor) como desconfiaría de un autor que viera todo el mundo de color de rosa. No es más realista ni tiene los pies más en el suelo el primero que el segundo, aunque la pose de cabreado con la humanidad de más prestigio.

  7. No es cierto que esté siempre cabreado. También hace columnas “positivas” cuando hay algo que alabar y agradecer (que eso ocurra con menos frecuencia de la esperada no es culpa de él) Y eso de que no tiene sentido del humor es totalmente falso. Sus críticas están cargadas de ironía y un sentido del humor muy suyo, pero sentido del humor al cabo. Yo a menudo me parto.

  8. Todavía no he leído ningún artículo suyo que no me ponga de los nervios, pero en fin, la verdad es que no le sigo continuamente, sólo cuando cae en mis manos algún suplemento del domingo.

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