Trolololo

Estos días todo el mundo habla del trolololo, si eres uno de los que todavía no sabes de qué estoy hablando aquí abajo tienes el vídeo para afectarte.
Yo lo conocí gracias a los chicos de morning 80, que es el programa de radio que escuchamos por la mañana en el coche mientras vamos al cole.

Este vídeo es AFECTANTE, puede producir efectos secundarios como paralizarte la mano y no poder mover el ratón.

Publicado el 20 de Marzo de 2010 en Me parto, Música
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Conviértete en un espía de la II Guerra Mundial

Llevo un par de días enganchado a un original juego que he descubierto en Internet: Papá espía. Consiste en ponerse en la piel de un espía español de 1939 pero imaginando que entonces existiera Internet.

Deberás encontrar pistas utilizando los distintos servicios de la web: Google Maps, Twitter, etc… para ir resolviendo las distintas misiones que te van encomendando en el blog. Cada día una misión nueva.

Debes registrarte y podrás ir indicando las soluciones de las misiones para ver si has acertado e ir subiendo grados. (Me ha sorprendido mucho que utilicen Worpress para ello). Yo he resuelto las 6 primeras, siendo ya Agente operativo al Servicio Secreto de Su Majestad, y reconozco que estoy atascado en la 7ª (A los dos minutos de escribir el post, se me ha encendido la bombilla y he resuelto la misión :) Ya soy Jefe de grupo al Servicio Secreto de Su Majestad. Ahora a esperar la 8ª misión mañana)

¿Y tú? ¿Qué tal espía eres?

Publicado el 18 de Marzo de 2010 en Para jugar un rato, Qué curioso!
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Pichón Imposible

Espectacular corto de animación, me ha encantado (h5)
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Visto en Kabytes

Publicado el 17 de Marzo de 2010 en Cine y TV, Qué curioso!
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Gráfico autorreferente en el G.E.R.E [*]

[*] G.E.R.E. (Garrafa’s Evento Rat España) = Reunión anual de lo peorcito de la blogosfera para beber, comer y descojonarse en cantidades industriales, cuya edición de 2010 se ha celebrado hoy

Publicado el 13 de Marzo de 2010 en Egobloguismo
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Peor que un grano en el culo (y Parte III)

(Continuación de Parte II)

Ya una vez en casa, comienza el verdadero suplicio (y no me refiero al hecho de tener que sentarse en un flotador de niño o que al levantarte o moverte te duela tela, que también) sino a las curas. Tengo que ir todos los días al centro de salud a que me hagan una cura, que básicamente consiste en limpiarme la herida y que me introduzcan una gasa en ella. Eso duele tela. El abceso/fístula suele salirle a la gente en el mismo sitio: justo donde la espalda pierde su casto nombre y comienza la raja del culo, pero yo he tenido la suerte de que me salga bastante más abajo, justo al lado del ojete.

Aquí tenéis un riguroso y científico croquis anatómico hecho con un software de gran precisión para saber dónde se encuentra la fístula, o sea el “bujero”

El problema es que al tenerlo tan cerca cada vez que quiera plantar un pino tengo que sacarme la gasa y luego limpiarme muy bien con agua y ducharme e ir entonces a hacerme la cura para que me pongan otra. Tengo un enfermero asignado, Miguel Ángel, que es al que tengo que ir, pero la primera semana, entre que hubo días festivos y que otros días él no pudo ir, cada día me atendió una persona distinta, y cada uno a su manera.

Si a eso añadimos que en esa consulta entra y sale más gente que en el camarote de los Hermanos Marx, yo creo que me ha visto el culo más gente que a Nuria Bermúdez. La verdad es que en más de una ocasión me he acordado de este memorable momento de la hierbas en el ginécologo, en Aquí no hay quien viva:

Como digo, ha habido quien los ha hecho mejor o peor, pero el tercer día, ante la ausencia de mi enfermero, me tocó una compañera suya (a la que Mina llama “la Loreto Valverde”, por ser una rubia de pelo largo y voz de pito) pero que yo llamo simplemente “la nazi”

Madre mía, qué daño me hizo esa tía ese día. Mina es testigo de los gritos que pegué. Decir que vi las estrellas es quedarme corto, por lo menos vi naves de guerra ardiendo más allá de Orión y rayos-c resplandecer en la oscuridad, cerca de la puerta de Tanhauser. Y no sólo me dolió durante la cura, sino que me dejó dolorido para todo el día. Dijo que ella había estado curando a su hermano de lo mismo. “Pobre hermano”, dijo luego Mina.

Al día siguiente por fin me tocó mi enfermero, Miguel Ángel, y me dijo “Tranquilo, que te veo muy pálido, estás blanco” ¡Coño, no iba a estar blanco! Tras la experiencia del día anterior no era para menos. Además, unos minutos antes, mientras lo esperaba, salió la nazi y me dijo: “¿Qué esperas a Miguel Ángel? Vale, debe estar al llegar, si no viene, te curo yo”. Y UNA REVERENDA MIERDA, pensé, yo voy a buscarlo a su casa si hace falta.

El caso es que ya por fin me atiende mi enfermero, que tiene mejor mano que la nazi y además un buen sentido del humor, con lo que, salvo los fines de semana, que me toca quien esté de guardia, el resto de días voy más tranquilo.

Mi enfermero, Miguel Ángel, por lo que he averiguado en Intenné, en sus ratos libres se dedica a pintar iglesias o algo así…

La primera vez estaba yo tumbado boca abajo en la camilla y oigo a Miguel Ángel que dice: “Hombre, ¡esto tiene muy buena pinta!” a lo que yo respondo “Espero que se esté usted refiriendo a la herida…” Tras las risas, sobre todo de Mina y otra enfermera que había allí, me contesta (dándome una palmadita en el trasero) “Sí, claro, pero… ¡y lo otro también!”.

Yo lo pasaba mal mientras introducía la gasa, pero él lo pasaba mal cuando me veía intentar bajarme de la camilla con dificultad “¡No me hagas el número de la cabra!” me decía XD

Miguel Angel nos recomendó (como hicieron otros compañeros suyos anteriormente) que me vendría muy bien unas gasas que llevan plata (Aquacel AG), que hace que cicatrice la herida mejor y más pronto, pero que como eran caras no las tenían allí ni las recetaban. Pero si yo las compraba y las llevaba, me las pondrían. Yo le contesté que el dinero no era problema, que si con eso iba a estar menos tiempo con las curas, me daba igual meterme plata, que oro, que platino, vamos, ¡que iba a una joyería si hace falta!. Al final las compramos y parece que están haciendo su efecto (el primer día que las probé anda que no escocía y dolía) pues parece ir todo más rápido y mejor desde entonces.

Mi madre me contó el otro día que estuvo hablando por lo teléfono con mi sobrina La Hoygan y al contarle lo que me pasaba ella dijo: “Pobrecito… ¿y cómo come?” A lo que mi madre le respondió extrañada “Pues cómo va a comer ¡con la boca como siempre! ¿qué tendrá que ver?” y ella replicó “Pero cómo hace para sentarse para comer ¿O ES QUE COME DE PIE?”. Esta Hoygan, siempre nos sorprende con su lógica XD (por cierto, ayer me pidió mientras hablaba con ella por Skype que os dijera que en breve pondrá un nuevo vídeo sobre la nevada que cayó en Barcelona).

El ritual que sigo con lo de las curas es otra historia. Resulta que como os expliqué al principio, debido a la cercanía del ojete es imprescindible quitar el apósito antes de plantar un pino y entonces lavarme y ducharme, incluido también un baño de asiento con agua y betadyne, cómo me estoy acordando de esto ahora:
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Para quitarme el apósito y sacarme la gasa necesito de la ayuda de Mina, quien pacientemente todos los días me ayuda con ello no sin repetir “ay, Dios mío, que yo no he nacido para enfermera…” De hecho, el primer día casi se desmaya y el segundo, que me hizo algo de daño al tirar de la gasa le confesé “Me he aguantado el gritar para que no te desmayaras”. Pero la verdad es que se está portando muy bien y cada vez lo hace mejor (la mejoría y cierre paulatino de la fístula también ayuda).

Luego, como solución temporal hasta que llegue al centro de salud me pone una especie de compresa que aunque ponga en la bolsa “Tena for men” uno no deja de pensar en la “Tena Lady”, de hecho Miguel ángel me dijo un día al verla: “Anda que… quién te iba a decir a ti que ibas a estar usando esto…”. “Eso digo yo -repliqué- que quien me iba a decir que iba a terminar yo como la Concha Velasco, con esto”

Un día fuimos a la cura y al llegar a la sala de espera olía fatal. Se había atascado una alcantarilla y estábamos todos allí que nos íbamos a caer redondos al suelo. Todos con un pañuelo en la nariz y Mina repartiendo colonia en los pañuelos. Qué mal lo pasamos. Ahí Mina sí que estuvo a punto de terminar en el suelo sin conocimiento. Y una de las pacientes diciendo “pues yo no huelo ná, porque tengo la nariz taponá”. Pues menuda suerte, porque aquello más que un centro de salud parecía el alcantarillado de unas letrinas.

En fin, que aquí andamos, todavía con las dichosas curas, pero cada vez mejor. Uno pierde ya hasta la noción del día en que está. Pues no voy y le digo el otro día a Mina: “Que curioso, llevo toda la mañana con la sensación de que es domingo, cuando en realidad es sábado” Y Mina me mira con los ojos muy abiertos y me dice “Quater… es que hoy es domingo…”

Dicen que la probabilidad de cura/reincidencia de estas cosas es del 50%. ¡Ay, madre! Tiraremos una moneda para decidirlo.

Que alguien me deje una con dos caras, por favor.

Publicado el 11 de Marzo de 2010 en Las historias del Quater
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Etapa de prácticas

Esta semana la tengo de mini vacaciones, ya que el curso ha terminado pero ahora me quedan las prácticas.

Viendo esta foto os podéis hacer una idea de dónde me mandan:

El lunes me voy al centro de transfusión sanguínea, estaré hasta el 26 de mayo, asi que espero no liarla mucho y cualquier cosa que me pase la iré contando por aquí.

De aquí a Dexter sólo hay un paso xD

Publicado el 11 de Marzo de 2010 en De todo un poco
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Peor que un grano en el culo (Parte II)

(Continuación de Parte I)

Y ahí estaba yo, en la habitación del hospital, al que yo llamaba “hotel” cada vez que hablaba por teléfono con algún familiar o amigo, que no sé por qué me equivocaba siempre, que la habitación estaba bien, pero tampoco era para tanto. Al poco viene una enfermera ¡a afeitarme el culo! Así que me pongo de lado y empieza ella a darle a la cuchilla. Me lo dejó rasuradito que parecía de un anuncio de dodotis. Hasta Mina me dijo “te lo han dejado que me están dando ganas hasta de darte un beso en él”. Bueno -pensé- quizás no está aún todo perdido pese a haberme visto en la camilla a cuatro patas y con los calcetines puestos…

Se suponía que me iban a mandar a quirófano a lo largo de la mañana, pero, como luego diría Dorian (al que llamé para que transmitiera al resto de amigos mi situación):

…el problema es que hay mucha gente desalmada que no tiene otra cosa que hacer que ponerse muy malita y el quirófano lleva todo el día petado con gente de urgencias, colándose en las narices del pobre Quater. Así lleva hasta hace un rato que he hablado con él, todo el día en cama ingresado esperando que le toque el turno, y con más hambre que el perro un ciego

Efectivamente, no pararon de llegar urgencias al quirófano con lo que me pasé todo el día allí esperando y sin poder comer nada (llevaba en ayunas desde la noche anterior) pasando más hambre que el profesor de dicción de Belén Esteban.

Ya a las 20:30 vinieron por fin a por mí, tras 8 horas de espera y me llevaron para el quirófano. En el trayecto pude comprobar que algo que yo pensaba que sólo pasaba en las series y películas de risa, pasa en realidad: eso de que el celador va empujando la cama con el paciente y abriendo puertas a golpes con la cabeza del mismo. Os lo juro, no me daba directamente en la cabeza, sino en el cabecero de la cama, pero con tal violencia que no podía evitar el sobresalto cada vez que pasábamos por una puerta. De nuevo me parecía oír risas enlatadas dentro de mi cabeza. Fue exactamente como en el principio del siguiente vídeo, del que me acordé bastante, no solo por eso sino por más cosas, de hecho, luego en el quirófano, estuve preguntándome cuál de aquellas máquinas que había allí era el aparato que hace ¡ping!

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Por fin llegamos a la sala previa al quirófano, donde había un montón de camas vacías y me “aparcan” entre dos de ellas y me dejan ahí. Aquello parecía una morgue, menos mal que no había nadie más. Al ratillo por fin aparece un médico con gafas y barba y con el típico traje verde con gorrito y ¡coño, os juro que el tío era clavadito a Steven Spielberg!

Entonces recordé lo que había leído esa mañana en los papeles que firmé, acerca de que podrían grabar mi operación con fines didácticos o científicos “¡Qué coño! – pensé- ¡Estos tíos lo que van a hacer es una superproducción de Hollywood con mi culo, que hasta se han traído a Spielberg!”

El hombre se me acerca y antes de que le pida un autógrafo me dice que es el anestesista. Hombre, pienso, la última peli que hizo, la de Indiana Jones, no es que fuera muy buena, pero tampoco era para dormirse…

Me hacen firmar otro papel, por los riesgos de la anestesia, y ya me pasan al quirófano. Una vez en la mesa de operaciones, me ponen la epidural y me colocan boca arriba con las piernas para arriba en unos soportes. Vamos, que yo no sabía si me iban a sacar un grano o iba a dar a luz a mi segundo hijo (del nacimiento de mi primogénita ya les hablé en otra ocasión). La epidural comienza a hacer su efecto y cuando ya tengo las piernas dormidas y toda la parte central de mi cuerpo sin sensibilidad alguna reparo en una de las sensaciones más extrañas que he vivido: ¡la de no tener pene!

Así se siente uno con la epidural

Así es, me sentía como Ken, el novio de Barbie, como un maniquí de grandes almacenes, la sensación era de que ahí no había nada de nada, qué sensación más extraña. En fin, llega la cirujana y comienza la operación. Yo tenía una tela delante, a la altura de la cintura, por lo que no podía ver nada, y tan solo sentía como si me pusieran cada vez más ropa encima de la zona en cuestión, eso era todo lo que yo percibía cuando en realidad no era eso, sino que me estaban operando.

Detrás mía debía tener el famoso aparato que hace ¡ping! porque no paraba de lanzar pitidos intermitentes (imagino que sería el monitor de mis constantes vitales) de forma que parecía que tenía detrás un monitor con el Super Mario Bros, yo cada vez que oia un sonidito me imaginaba a Mario saltando sobre una seta y cogiendo monedas.

De pronto me fijo y veo al otro lado de la tela que me separa de mi otra mitad que sube una fila columna de humo. ¿Humo? ¿Pero esto qué es? ¿Qué están haciendo ahí? Y venga a salir humo y a oler como a goma quemada… Joder, recordé que tenía a Spielberg ahí detrás y me dije, vaya con los efectos especiales, eso debe ser de las típicas explosiones que hay en toda película hollywodiense que se precie. Entonces pensé: a lo mejor me están extirpando eso con láser. Ea, ya está el Spielberg ha llamado a su amigo George Lucas y tengo ahora a Darth Vader metiéndome su sable láser por el culo, madre mía…

Cuando terminó la operación y me devolvieron a la sala del “aparcamiento” de camas me explicaron que es que el bisturí era eléctrico, y que el olor “a goma quemada” era en realidad el de mi carne. Joder, pues si algún día me come un caníbal, debo saber igual que un neumático.

Por fin me devuelven a la habitación (tras una nueva sensación de golpetazos contras las puertas cerradas, usando el cabecero de mi cama como ariete), donde me espera Nemo mientras Mina ha ido a casa a por algunos enseres personales y como aún tengo el culo anestesiado pues no estoy mal del todo. Le pregunto a la enfermera si puedo comer algo y me dice que sí, pero que la cocina la tienen ya cerrada (son las 10 y pico de la noche), así que cuando vuelve Mina, va a un bar cercano y me trae un sandwich que me sabe a gloria tras 24 horas de ayuno.

La noche la pasé regular, lo que más me dolía era el brazo, donde tenía una vía, y la cabeza. Y hacia las 5 de la mañana comenzó a desaparecer el efecto de la anestesia y yo a recuperar la sensación de tener pene y a sentir lógicamente dolor en la zona operada. A la mañana siguiente me trajeron el desayuno y además apareció Dorian con un magnífico bizcocho casero que había hecho y que me supo a gloria.

Ya hacia el final de la mañana pasó el médico y tras hacerme allí la primera cura (vi las estrellas cuando me quitaron las gasas de la operación) me dieron el alta y pude volver a casa. Ahora comenzaba el verdadero calvario: LAS CURAS, el ir cada día a que me curaran, pero eso es otra historia, y merece ser contada en otra ocasión…

(Continúa en Parte III)

Publicado el 9 de Marzo de 2010 en Las historias del Quater
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